Secuencia de 'Qi Gong' de la verticalidad interior

Isabel Calpe, maestra de 'Chi Kung', explica en estas líneas una secuencia concreta de ejercicios. En ella se trabaja para construir el "eje Cielo-Tierra que verticaliza el cuerpo a partir del ajuste preciso del esqueleto", y la "apertura a la libre y armoniosa circulación de la energía de vida en conexión con la memoria cósmica y embrionaria". FOTOGRAFÍAS: Jordi Soteras.

Pautas: Al inicio de cada gesto, inspiramos lenta y profundamente. Durante la ejecución del movimiento, mantenemos la apnea. Al finalizar soltamos el aire. Mantener unos minutos cada postura. Esta secuencia se practica con dos tipos de respiración, que implican el coxis y el periné. De momento, puedes practicarla trabajando la forma, con la respiración sencilla indicada anteriormente.

EL PRIMER GESTO DE LA VIDA.

Comenzamos la práctica ajustando la verticalidad de manera que los pies queden perfectamente paralelos, separados por una distancia equivalente a la de nuestros hombros. Trasladamos el punto de apoyo de nuestro cuerpo al extremo del talón: el hueso más sólido del pie, cuya función es la de sostener el peso de nuestro cuerpo físico y de nuestra experiencia interior. La nuca bien estirada, el cuerpo relajado. Respiración lenta y natural. Postura clave para enraizar nuestro cuerpo, ajustar el esqueleto y activar la circulación energética interna. Se aconseja al menos unos veinte minutos.

A partir de aquí estiramos lateralmente los brazos para activar el músculo del diafragma. Codos bien estirados, antebrazos paralelos al cuerpo.

[EN LA PRIMERA IMAGEN] Levantamos los brazos lenta y suavemente hasta la altura de los hombros, la muñeca bien flexionada y relajada. Este gesto nos ayudará a dilatar la caja torácica. Es un gesto que evoca el gesto del cuadragésimo día de la vida embrionaria, el momento en que se forma el diafragma, el primer gesto de la vida.

MAGNETIZANDO LA MANO. Colocamos las manos sobre la superficie del aire. Esta postura ayuda a espacializar el cuerpo. También magnetiza la mano. La concavidad de la palma, donde se halla el punto Lao Gong, atrae la energía de la Tierra y del entorno, nos permite densificar el 'Qi'.

EL GESTO DEL CANDELABRO. A partir de la postura vertical, basculamos el sacro hacia adelante, como si nos sentáramos en un taburete invisible. Encadenamos varios gestos. Dibujamos una especie de candelabro [EN LA IMAGEN]: los brazos y muñecas forman ángulos rectos, la muñeca en extensión, con la palma de la mano mirando al cielo. Este gesto, muy geométrico, nos ayuda a separar las dos cúpulas del diafragma.

EL GESTO DE LA LLAMA INVISIBLE. Desde la postura anterior, subimos las manos por encima de la cabeza, a la altura de la fontanela, estirándolas bien hacia arriba al mismo tiempo que abrimos lateralmente los codos. Este gesto prolonga la columna central de qi que atraviesa y verticaliza nuestro cuerpo. Fortalece los pulmones y activa el punto situado en la fontanela, llamado Tian Men, "la Puerta del Cielo".

EL DESCENSO CON LA BÁSCULA PELVIANA. Cogemos una inspiración, y descendemos suavemente, flexionando las rodillas, hasta el suelo. Debemos mantener la rectitud de la espalda, basculando en todo momento la pelvis. Realizamos el descenso lo más lento posible. Al llegar al suelo, relajamos la pelvis. Soltamos el aire. Nos enderezamos volviendo a la postura de inicio. Este ejercicio estira la espalda, y permite liberar tensiones profundas asociadas al cerebro.

LA SEPARACIÓN DE LOS MUROS. Seguimos en la postura semi-sentada, la pelvis bien basculada. Inspiramos y extendemos al máximo los brazos hacia adelante, como si empujáramos un peso invisible, manteniendo la rectitud de la espalda. Mantenemos la extensión unos segundos, antes de relajar los brazos y soltar el aire. Flexionamos los brazos, acercándolos al cuerpo, y volvemos a empujar.... Encadenamos varios movimientos. Este gesto nos ayuda a ampliar el espacio de la caja torácica, beneficia el sistema cardiovascular, y fortalece el corazón.

EL VUELO DE LA GRULLA. Ondulamos los brazos desde abajo arriba, articulando la muñeca como si alzáramos el vuelo, dejando que los brazos se eleven más y más. Mejora la circulación de los brazos y flexibiliza las articulaciones de las extremidades superiores.

EL MUDRA DE LA COMUNIÓN DEL CORAZÓN. La práctica del 'Qi Gong' integra bellos gestos provenientes de la tradición asiática, llamados Mudras. Estos gestos activan distintos canales energéticos y agrandan el espacio del corazón, xin, sede de las emociones y de la conciencia. Para formar este mudra, junta el índice y el pulgar, formando un círculo, y estira hacia arriba el resto de los dedos. Así reforzamos la conexión íntima entre la respiración del diafragma y la respiración ventral de nuestro principal centro energético, el Dantián. Simbólicamente reforzamos el lazo de unión entre "yo" y "el "otro".

GIRANDO EL CUERPO. Regresamos a la postura vertical de inicio. Alzamos los brazos hacia el Cielo, y giramos desde la cintura en un movimiento circular. Este ejercicio potencia nuestros riñones, la sede de nuestra energía vital

SOSTENIENDO LA ESFERA. Colocamos las manos frente al Dantián, -nuestro centro de gravedad situado bajo el ombligo- como si sostuviéramos una pelota invisible. Podemos jugar con ella: hacerla más grande, más pequeña, girarla, elevarla hasta la zona del pecho, donde se halla el centro de energía que permite vehicular nuestras emociones,... La práctica del Qi Gong nos sensibiliza a la existencia del Qi, esa corriente sutil de energía que circula constantemente por todas las cosas, generando el cambio constante, y nutriendo la Vida bajo todas sus formas.

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